Israel y Hamás firmaron el 9 de octubre de 2025 la primera fase de un acuerdo que prevé un alto el fuego bilateral, la liberación escalonada de rehenes israelíes y la puesta en libertad de cientos de presos palestinos, junto a una ampliación significativa del acceso humanitario a la Franja de Gaza. El pacto, facilitado por mediadores, entre ellos: Estados Unidos, Qatar, Egipto y Turquía, marca el primer avance diplomático de envergadura tras casi dos años de conflicto.
Qué contempla la fase uno del acuerdo
La primera fase acordada establece un intercambio escalonado: Hamás entregará rehenes israelíes vivos y fallecidos, y Israel liberará a un número importante de prisioneros palestinos, incluyendo mujeres, menores y varias centenas de detenidos, según lo pactado en las listas que ambas partes intercambiaron durante las negociaciones. Fuentes señalan que, en el marco del acuerdo, 20 rehenes vivos podrían ser liberados en las primeras 72 horas tras el inicio del cese al fuego.
El texto divulgado por mediadores habla de una retirada parcial de tropas israelíes hasta líneas acordadas dentro de Gaza, con la salvaguarda para Israel de mantener control sobre determinados corredores estratégicos. Los detalles sobre la extensión exacta de la retirada y las garantías de seguridad serán objeto de verificación y de fases posteriores del proceso.
El acuerdo incluye la apertura sostenida de cruces y la entrada masiva de ayuda: organizaciones internacionales y la ONU han coordinado un plan inicial de 60 días para escalar la entrega de alimentos, medicinas y combustible, con el objetivo de atender a millones de desplazados y familias afectadas. La ONU ha detallado planes para repartir asistencia nutricional y suministros esenciales a más de dos millones de personas si la calma se mantiene.
Cómo se alcanzó el pacto y quiénes intervinieron
Las conversaciones se desarrollaron de forma indirecta en Sharm el-Sheij (Egipto) y contaron con el papel activo de Estados Unidos, Qatar y Egipto como mediadores principales; Turquía y otras capitales árabes también estuvieron involucradas en garantizar entendimientos y garantías. El acuerdo se presenta como la primera fase de un plan más amplio impulsado públicamente por el presidente estadounidense.
Negociadores de ambas partes intercambiaron listas con los nombres de rehenes y prisioneros que entrarían en el canje. Funcionarios de mediación indicaron que la validación de esas listas fue un paso clave para cerrar la primera fase. Las garantías operativas, corredores seguros, verificación sanitaria y logística de los convoyes, quedaron consignadas para la implementación inmediata.
Reacciones internacionales y posicionamientos oficiales
Naciones Unidas
El secretario general de la ONU, António Guterres, acogió con cautela el acuerdo y lo calificó como “un paso significativo” que podría abrir una vía hacia la autodeterminación palestina y una solución de dos Estados, al tiempo que subrayó la necesidad de que las promesas se cumplan en la práctica y de garantizar un acceso humanitario pleno. La ONU puso a disposición equipos y un plan de 60 días para acelerar la distribución de ayuda humanitaria en Gaza.
Reacciones regionales y estadounidenses
Líderes de países mediadores celebraron el avance y pidieron el compromiso de todas las partes para consolidarlo y avanzar hacia fases posteriores que aborden la seguridad, la gobernanza y la reconstrucción. El presidente de EE. UU. difundió el marco como un triunfo diplomático y abogó por su rápida implementación; a su vez, sectores políticos en Israel expresaron reservas y algunas voces dentro del gobierno manifestaron oposición a puntos concretos del plan.
Reacción en Gaza e Israel
En Gaza, el anuncio fue recibido con congoja y alivio: hay celebraciones por la perspectiva de liberación de rehenes y alivio por la posible llegada masiva de suministros. En Israel, el anuncio produjo respuestas divididas: familias de rehenes y parte de la opinión pública acogieron con esperanza la posibilidad de regresar a casa de personas secuestradas, mientras que sectores de seguridad y políticos condicionaron la aprobación definitiva del marco a garantías adicionales.
Contexto humanitario y dimensión humana del conflicto
Desde el 7 de octubre de 2023, los enfrentamientos han causado una cifra de víctimas muy elevada y una crisis humanitaria profunda en Gaza. Informes recientes contabilizan decenas de miles de muertos, la mayoría civiles según autoridades sanitarias locales, y millones de desplazados internos que sobreviven en condiciones extremas. Organizaciones humanitarias llevan meses denunciando la escasez crítica de agua, alimentos, energía y atención médica.
Necesidad urgente de ayuda y riesgos en su entrega
Las agencias internacionales (ONU, OCHA, Cruz Roja y ONG) han advertido que la mera firma del acuerdo no resuelve automáticamente la catástrofe: la logística de entrada de convoyes, la seguridad de los corredores, y la reconstrucción de infraestructuras sanitarias y de agua requieren coordinación rápida y recursos masivos. El riesgo de incidentes durante la fase de despliegue de la asistencia es alto si no se garantizan corredores seguros y mecanismos de verificación independientes.
Desarme y gobernanza de Gaza no resueltos
El acuerdo de fase uno no incluye un desarme completo de Hamás ni una solución inmediata para la gobernanza futura de Gaza. Esas cuestiones forman parte de negociaciones posteriores y representan puntos que probablemente generarán fricciones prolongadas entre actores locales e internacionales.
Riesgo político interno en Israel y en la región
Dentro de Israel hay partidos y facciones que han condenado aspectos del plan y han exigido exigencias adicionales; esto podría traducirse en obstáculos parlamentarios para la ratificación del acuerdo o limitaciones prácticas en su implementación. En la región, actores como Irán y diversos grupos armados en Cisjordania y Líbano observan con atención los desarrollos y su posible impacto en equilibrios regionales.
Verificación independiente y confianza mutua
La ejecutabilidad del acuerdo depende de mecanismos independientes de verificación, por ejemplo, observadores internacionales o equipos técnicos neutrales, que confirmen la liberación efectiva de rehenes y prisioneros, la retirada de fuerzas y la entrada fluida de ayuda. Sin esas garantías, la desconfianza histórica entre las partes puede provocar rupturas.
Escenarios posibles y próximos pasos
Las partes han fijado ventanas temporales para acciones concretas, entre ellas la entrega inicial de rehenes vivos, que deberán verificarse en las primeras 72 horas tras el cese al fuego. Si las entregas y las condiciones de seguridad se cumplen, el plan podría avanzar hacia etapas adicionales.
Fases posteriores: reconstrucción y política
Si la fase uno se consolida, la comunidad internacional buscará impulsar planes de reconstrucción, provisión masiva de servicios esenciales y discusiones sobre el estatus político de Gaza, incluidas garantías de seguridad para Israel y mecanismos de administración civil en el territorio. Esos debates serán complejos y largos.
La ONU, la Unión Europea, Estados Unidos, países árabes y organismos multilaterales tendrán un rol central en financiación, verificación y asistencia técnica. La movilización inmediata de recursos y la coordinación sobre el terreno serán decisivas para transformar el alto el fuego en una salida sostenible a la crisis humanitaria.
El acuerdo anunciado el 9 de octubre de 2025 representa un avance diplomático que abre una ventana para poner fin a la escalada de violencia en Gaza, liberar rehenes y comenzar la reconstrucción humanitaria. Pero la firma de la fase uno es sólo el comienzo: su éxito dependerá de la capacidad de las partes y de la comunidad internacional para traducir compromisos en acciones verificables, seguras y sostenidas. La población civil, profundamente afectada, será el principal termómetro para medir si la paz asentada en papel se convierte en alivio real en la vida cotidiana.



